lunes, 2 de septiembre de 2013

Los supervivientes relatan la masacre de Sabra-Shatila



Tres mujeres que sobrevivientes a la masacre de Sabra y Shatila de 1982 en los campos de refugiados palestinos en el Líbano recuerdan los espeluznantes asesinatos.

Los combatientes comenzaron a atacar al atardecer, meticulosamente abriendo camino a través de los callejones y las casas, dejando a sus pasos los cuerpos acribillados a balazos y machetazos.

Entre 16 y el 18 de septiembre de 1982, en medio de la guerra civil del Líbano y a los pocos meses de la invasión israelí a ese país, cientos de miembros del partido Falange - milicia cristiana libanesa, en colaboración con el ejército israelí, asesinaron a unos 2.000 refugiados palestinos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, en los campamentos de refugiados de Sabra y Shatila en Beirut.

La masacre tuvo lugar poco después del asesinato de Bashir Gemayel, líder de los falangistas. Estos equivocadamente culparon a los palestinos por el asesinato y llevaron a cabo la masacre como un acto de represalia, apoyados por el ejército israelí, que había invadido el Líbano para luchar contra los palestinos y los partidarios de la causa palestina.

Tres sobrevivientes contaron sus historias a Al Jazeera, 30 años después de la masacre.

Siham Balqis

Siham Balqis, residente del campamento Shatila, tenía 26 años cuando ocurrió la masacre. "Escuchamos disparos la noche del jueves, pero esto, no nos sorprendió, era la guerra y esto era un sonido habitual para nosotros", dijo a Al Jazeera. Vivía en el campamento de Shatila, al final de los dos campamentos. Recuerda que los milicianos comenzaron en el campamento de Sabra, avanzando hacia el norte. "No nos alcanzaron hasta el día sábado por la mañana."

A las 7 AM, ella fue enfrentada por tres falangistas y un soldado israelí que les ordenaron salir de su casa.
"Uno de los libaneses se lanzó hacia mí para atacarme, pero el israelí lo paró, como para demostrar que él era mejor que ellos", recordó.

Por la conmoción generada, una vecina libanesa se dirigió a los combatientes, diciendo que ella había escuchado que estaban matando gente. Los combatientes desestimaron sus comentarios, por lo que les pidió ayudar a los palestinos que fueron llevados al Hospital Gaza, que se encontraba al final del campamento de Sabra.

Después de preguntar por la ubicación del hospital, los combatientes rodearon el lugar, especialmente a unas 200 personas que se encontraban dentro del centro asistencial.

Una vez allí, ordenaron a los médicos y enfermeras a salir del edificio, la mayoría de ellos eran extranjeros o libaneses.

"Recuerdo que había un joven palestino de apellido Salem, de unos 20 años, que se puso un traje de médico para tratar de escapar", dijo Balqis. "Los milicianos libaneses lo atraparon, al descubrir que era palestino, le llenaron el cuerpo de balas."

Arrastrarse y morir

A continuación, los combatientes separaron el grupo, dejando a las mujeres a un lado y a los hombres en el otro.

"Ellos escogían a los hombres al azar y los hacían arrastrarse por el suelo. Ellos asumían que el que se arrastraba bien, era debido a algún tipo de entrenamiento militar, por lo que los trasladaban a un banco de arena y los asesinaban."

Los combatientes libaneses tomaron aquellos que no habían muerto y los obligaron a marchar sobre los cadáveres esparcidos por las calles hacia un gran estadio deportivo que se ubicaba en las afueras del campamento.

"Nos hicieron caminar sobre los cuerpos de los muertos, y entre las bombas de racimo", dijo Balqis. "En un momento pasé por un tanque, donde el cuerpo de un bebé de sólo pocos días de edad se encontraba aplastado y pegado a las orugas (ruedas del tanque)."

En el estadio, se encontraban los israelíes dirigiendo las acciones.

"Fue aquí donde los israelíes llevaron a mi hermano Salah, que tenía 30 años de edad, para ser interrogado", dijo.

Dentro del estadio los hombres fueron interrogados, torturados y asesinados. Pocos fueron capaces de salir con vida. Los israelíes los amenazaban, diciéndoles: "Si usted no coopera con nosotros, lo entregaremos a los falangistas".

Wadha Sabeq

Wadha Sabeq, de 33 años de edad en aquel momento, se encontraba viviendo en Bir Hassan, un barrio predominantemente libanes a las afueras de los campamentos.

"El día viernes por la mañana, nuestros vecinos nos dijeron que teníamos que presentar nuestras identificaciones impresas en la embajada de Kuwait", ubicada fuera de acceso al campamento de Sabra, dijo a Al Jazeera. "Así que nos fuimos."

Ella llevó a sus ocho hijos, que tenían entre 3 a 19 años de edad.

Cuando pasaron por Shatila, fueron detenidos por los falangistas. "Nos llevaron con otros y separaron a los hombres de las mujeres." Los combatientes se llevaron a 15 hombres de su familia, incluyendo a su hijo Mohammad, de 19 años de edad, a su hijo Alí de 15 años de edad, y a su hermano de 30 años.

"Alinearon los hombres contra la pared, y se les dijo a las mujeres que tenían que trasladarse al estadio. Nos ordenaron caminar en una sola fila, y no mirar ni a la izquierda ni a la derecha." Combatientes falangistas caminaron junto a ellos para asegurarse del cumplimiento de las instrucciones.

Esa fue la última vez que vio a su familia.

Una vez en el estadio, esperaron. "Todavía no sabíamos lo que estaba pasando, pensábamos que querían revisar nuestros documentos de identidad", dijo.

Después de pasar todo el día en el estadio, los israelíes los enviaron a casa.

Cubierto de sangre

La mañana siguiente Sabeq regresó al estadio para preguntar acerca de los hombres.

"Una mujer se acercó hasta el estadio gritando, diciéndonos que teníamos que ir al campamento a reconocer los cuerpos ", dijo.

Corrieron hasta el campamento, y al ver los cuerpos esparcidos por el suelo, Sabeq se desmayó. "No se podía ver las caras de los cuerpos, estaban cubiertos de sangre y desfigurados", dijo. "Sólo se podía identificar a la gente por la ropa que llevaban puesta”.

"No podía encontrar a mis hijos, ninguno de mi familia", dijo Sabeq. "Fuimos a la Media Luna Roja, a los hospitales, todos los días, para preguntar por ellos. Nadie tenía respuestas."

"Nunca encontramos sus cuerpos", dijo, con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Jameel Khalifa

Jameel Khalifa tenía 16 años de edad recién cumplidos cuando ocurrió la masacre.

"El sábado por la mañana, vimos [a los combatientes] bajar por el banco de arena y dirigirse hacia las casas", dijo a Al Jazeera. "Vimos los tanques llegando, con soldados israelíes y combatientes libaneses, algunos vestidos de civil, algunos con máscaras."

A medida que los combatientes comenzaron a golpear las puertas de entrada de las casas, la mayor parte de su familia escapó por la parte trasera a la vivienda vecina. Al oír las órdenes de los soldados que no nos iban a disparar si nos rendíamos, una mujer de edad avanzada destrozó un pañuelo blanco, repartiendo tiras a cada uno de ellos para poder agitar la tela de color blanco y así impedir que los militares disparasen.

"Mi papá me llevaba, me decía que no saliera del refugio, pero le dije que debíamos," recordó ella.

Las mujeres salieron primero del refugio.

Cuando su madre salió de la vivienda, un combatiente libanés la empujó en el estómago con su Kalashnikov. "Te voy a matar, hija de ……"

Un soldado israelí observaba de cerca y le dijo en hebreo que la dejara.

"Mi padre estaba saliendo del refugio detrás de mi madre. Al salir, fue asesinado de un tiro en la cabeza por un soldado israelí", dijo Khalifa.

Nadie nos cree

Como todo el mundo, el grupo se vio obligado por los combatientes a desplazarse. En el camino, Khalifa y algunos otros niños lograron escapar por un callejón hacia una mezquita situada al interior del campamento.

"Nos encontramos con un grupo de gente mayor que se estaba sentada afuera de la mezquita, y les dijimos que los israelíes habían llegado y estaban matando a la gente. No nos creyeron, nos llamaron mentirosos, y nos dijeron que los dejáramos en paz", dijo.

Khalifa, finalmente llegó al Hospital Gaza, donde tuvo la oportunidad de reunirse con su familia. Viendo como la gente alrededor de ellos fueron ejecutados, el grupo consiguió escapar a través de los muchos pequeños callejones y pasajes que componen el campamento.

"Estábamos muy asustados al salir porque habíamos visto como a otros que trataban de huir, fueron asesinados por los francotiradores", recordó Khalifa.

Se las arreglaron para salir del campamento y se refugiaron en una escuela en el barrio libanés de Cornich el Mazraa. Sólo regresaron al campamento, una vez que recibieron la noticia que la masacre había terminado.
"Volvimos a ver cadáveres descuartizados ya que los falangistas y los israelíes habían colocados minas debajo de ellos y los habían hecho explotar ", dijo.

"Recuerdo el olor. Era tan fuerte, y se mantuvo durante una semana, a pesar de que rociaron el campamento para deshacerse del mal olor."

Twitter de Nour Samaha: @ Nour_Samaha


Nour Samaha, Aljazeera / Traducción: Palestinalibre.org

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