jueves, 5 de noviembre de 2015

Isaac Rabin nunca apoyó un estado palestino

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Yakir Adelman

Durante 20 años, la izquierda israelí ha utilizado la memoria selectiva para reinventar al difunto primer ministro. En realidad, Rabin solo defendió una autonomía palestina limitada, un objetivo que logró con los Acuerdos de Oslo.
Isaac Rabin y Yasir Arafat en Casablanca, Marruecos, el 30 de octubre de 1994. (Foto: GPO / Saar Yaakov)
En la campaña para las elecciones israelíes de 1992, hubo un debate televisado entre Isaac Rabin y el entonces primer ministro Isaac Shamir. Al final del debate, le permitieron a Shamir hacer a su oponente una pregunta de su elección: “¿Quiere usted realmente un estado palestino dentro de la tierra de Israel?”. Rabin contestó con decisión: “Me opongo a un estado palestino entre nosotros y el [río] Jordán. Al mismo tiempo, no quiero que 1,7 millones de palestinos se conviertan en ciudadanos de Israel”. Rabin añadió que votó en favor del “plan de autonomía” que Menajem Begin propuso cuando era primer ministro en 1978.

Si usted ve el vídeo del debate (en hebreo), es posible que comience a cuestionarse si las políticas de Rabin han sido realmente revisadas desde entonces y alteradas retroactivamente, a la vista de la experiencia histórica: Rabin se opuso a un estado palestino hasta el día que murió. Los Acuerdos de Oslo no fueron pensados para abrir las puertas a un estado palestino; fueron, más bien, un nuevo envase de la vieja idea de autonomía de Menajem Begin. Cuando Begin llegó al poder en 1977, se le ocurrió un plan diplomático según el cual el estado de Israel seguiría controlando Cisjordania sin gobernar directamente a la población palestina que vivía allí. El pueblo palestino podría tener una autonomía, una “autoridad palestina” autónoma cuyo objetivo no sería en absoluto convertirse en estado.

La idea de la autonomía nació poco después de la Guerra de los Seis Días, cuando varios ministros discutían sobre los territorios recientemente ocupados. Era el “consejo ministerial para asuntos de seguridad”, un grupo secreto que se reunió los días 18 y 19 de junio de 1967, encabezado por el primer ministro Levy Eshkol y otros, entre los que se encontraba Menajem Begin. El consejo decidió que los territorios ocupados del Sinaí y los Altos del Golán serían conservados por el momento, pero que serían utilizados como moneda de cambio para firmar la paz con Egipto y Siria. Se alcanzó un acuerdo con Egipto y se intentó seriamente llegar a un tratado de paz con Siria.

En cuanto a Cisjordania, el consejo decidió que el territorio conquistado no sería utilizado como moneda de cambio para la paz ni sería objeto de negociación. El consejo comunicó el siguiente mensaje al entonces ministro de asuntos exteriores Aba Eban: “El gobierno no concluyó la discusión sobre la cuestión de Cisjordania y si le preguntan [al ministro de exteriores] sobre ello en Washington, debe decir que el gobierno discutió el asunto de Cisjordania de forma exhaustiva”. A pesar del comunicado, le ordenaron a Eban que dijera a los estadounidenses que Israel estaba dispuesto a ceder otros territorios ocupados.

La idea de la “autonomía palestina” se planteó en varias ocasiones en los protocolos del consejo, pero nadie la definió nunca con claridad. Menajem Begin fue quien transformó la idea en un plan real y lo llevó al parlamento (Knesset) en 1978. Rabin, como ya se ha dicho, votó a favor. Posteriormente, en las conversaciones de Camp David, el plan de autonomía se convirtió en el tema central del tratado de paz entre Egipto e Israel. Los egipcios y los estadounidenses querían que el plan de autonomía fuera una fase transitoria que, eventualmente, conduciría a un estado palestino, pero Begin se opuso a ello. Y les convenció para separar las dos cuestiones, de forma que el plan de autonomía se pondría en práctica más tarde. Se firmó el tratado de paz con Egipto y el plan de autonomía palestina se disolvió en el sistema político israelí.

Catorce años después, Isaac Rabin retomó la idea de la autonomía. Había pensado poner en marcha la autonomía palestina, pero Simón Peres le ganó por la mano con los Acuerdos de Oslo. En cada fase de las conversaciones de Oslo, desde la primera hasta la última, la idea era resucitar la idea de la autonomía palestina en el espíritu del plan de Menajem Begin. Nunca se habló de un estado palestino y no estaba planteado hacerlo. Rabin quería conservar el control de Cisjordania, junto con Jordania, y esa fue una de las razones centrales por las que Israel llegó a un acuerdo con Amán: las dos entidades soberanas controlarían el territorio, cuyos habitantes no tendrían independencia o soberanía.

Ese era el plan de Rabin. Para él, los Acuerdos de Oslo eran una solución permanente, no algo transitorio, lo cual se expresó en su firme oposición a un estado palestino. En nuestros tiempos, en los que el estado soberano garantiza plenos derechos civiles, debía estar absolutamente claro que el pueblo palestino rechazaría y lucharía contra un acuerdo provisional y exigiría la creación de un estado palestino soberano.

La izquierda israelí ha inventado una versión populista de Isaac Rabin que nunca existió. Desde el asesinato de Rabin, la izquierda israelí ha escondido estos hechos bajo la alfombra con el fin de fabricar su propio mesías. El amplio uso que hizo Isaac Rabin de la palabra “paz” ha permitido a la izquierda israelí presentarle como partidario de un estado palestino, a pesar del hecho de que siempre se opuso a él. Nunca oirás a un líder de cualquiera de los partidos de la izquierda israelí admitir que Rabin se opuso al estado palestino. El mito debe ser protegido, de forma que se pueda confiar en la izquierda, aunque la base de esta mitología sea infundada.

La sociedad israelí va a celebrar el 20 aniversario del terrible asesinato de Isaac Rabin. Este año, como en los 19 anteriores, la izquierda israelí se reunirá en la plaza de Tel Aviv, que lleva el nombre de Rabin, para perpetuar y volver a vender su dogma a las masas. Es hora de poner fin a las mentiras y la falsedad. Debemos examinar los hechos y admitir la verdad, porque la honestidad es la única manera de lograr un verdadero cambio. Si la izquierda israelí quiere un cambio, ese es el camino que debe elegir.

Yakir Edelman vive en Tel Aviv y es estudiante de filosofía e historia en la Universidad Abierta.


Traducción: Javier Villate (@bouleusis)

Tomado de: blog.disenso.net

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